
Encargarse de un nuevo proyecto de la empresa es una oportunidad para crecer profesionalmente y adquirir nuevas experiencias. Es un proceso enriquecedor y útil, pero también muy estresante, porque supone hacer frente a problemas desconocidos hasta el momento.
En primera instancia, podemos experimentar cierta tensión por miedo a no cumplir con todas las tareas programadas. Este miedo se ve acrecentado por las inevitables dudas que nos acechan y algunos errores en el traspaso de responsabilidades.
La clave está en organizarse bien y no dejar que el estrés se apodere de nosotros. El período de adaptación es inevitable y vamos a tener que pasar por él nos guste o no. Para hacerlo más llevadero podemos aplicar unas pautas básicas que nos faciliten la tarea:
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Pedir toda la información: Vivimos en la era de la velocidad y los proyectos se traspasan de un día para otro. Procura contar con toda la información necesaria para poder desarrollar tu trabajo y pide lo que no te hayan entregado.
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Organizarse la agenda: Un nuevo proyecto no siempre comporta la finalización de uno antiguo. Es probable que el trabajo sea acumulativo y tengas que hacerte cargo de ambos. Por ello es necesario que organices muy bien tu agenda y todos los “timings”, de manera que puedas sacar el máximo provecho del tiempo.
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Realizar algún curso especializado: Si el nuevo proyecto requiere conocimiento o habilidades que no posees puede ser beneficiosa la realización de algún plan formativo que se ajuste a sus necesidades.
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Consultar con compañeros o superiores: Trabajar en equipo es esencial para que un nuevo proyecto salga adelante. Confía en la experiencia de tus compañeros e incorpora todo aquello que pueda serte útil.
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Aprender de la competencia: Nuestros competidores pueden ser también una gran fuente de inspiración. No se trata de copiar, pero sí de ver qué es lo que hacen y si les funciona.